Los malabares de las pymes para conseguir financiación

Las vías tradicionales de financiación siguen cerradas para las pequeñas y medianas empresas que se están ahogando entre la falta de liquidez y la elevada morosidad. Esto las obliga a recurrir a sistemas alternativos que, aunque siguen siendo minoritarios, están adquiriendo más fuerza desde la llegada de la crisis, como las sociedades de garantía recíproca, el capital riesgo o los préstamos participativos.

Las pequeñas y medianas empresas protestan porque el crédito sigue sin fluir y muchas de ellas se encuentran entre la espada y la pared. Según publicó la semana pasada la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), desde el comienzo de la crisis económica 302.166 trabajadores por cuenta propia han cesado su actividad. En concreto, entre mayo de 2008 y junio de 2011, los trabajadores autónomos afiliados a la Seguridad Social pasaron de 3.409.008 cotizantes a 3.106.892, un 8,9% menos.

La situación límite para muchas empresas y la dificultad para acceder a los préstamos las ha empujado a buscar formas alternativas de financiación, explica Lorenzo Amor, presidente de ATA. Las entidades ofrecen “poca financiación y exigen garantías, avales y condiciones leoninas”, protesta Amor, quien asegura que el 84% de las pequeñas y medianas empresas españolas tiene problemas para acceder al crédito, mientras que a prácticamente la mitad se les ha denegado. Además, las compañías se enfrentan a la elevada tasa de morosidad de las Administraciones públicas, que les impide, a su vez, hacer frente a sus pagos. Estas empresas tienen igualmente difícil conseguir adelantos de las entidades financieras “porque tampoco se fían de las administraciones públicas”. Es tal la situación, explica Lorenzo Amor, que actualmente están encontrando problemas para conseguir anticipos de las subvenciones públicas ya aprobadas

Ante esta coyuntura, las empresas buscan vías alternativas de financiación, como son las sociedades de garantía recíproca (SGR). Según las Cámaras de Comercio, en dos años, el porcentaje de pymes que acuden a esta clase de entidades se ha duplicado, desde el 7% hasta el 11,3% del segundo trimestre del año. Las SGR son organizaciones de responsabilidad limitada destinadas a avalar a sus propios socios, que según establece la ley española, serán un mínimo de 150, en operaciones con terceros.

Otro cauce al que recurren las empresas españolas es el capital riesgo, que son fondos que invierten en empresas con perspectivas de tener alta rentabilidad y también los ayudan en su gestión. Según las Cámaras de Comercio, un 3,8% de las pymes recurrió a estos fondos para conseguir financiación en el segundo trimestre del año, tres décimas por encima del resultado firmado en el trimestre anterior. El balance de las operaciones del primer semestre del año, publicado por la Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (Ascri) dibuja un panorama esperanzador, con unas cifras que superan ampliamente las del mismo periodo del año anterior y que vuelven a situarse en los niveles anteriores a la crisis. En este trimestre, el volumen de inversión creció un 66%, al superar los 1.397,7 millones de euros, mientras que se cerraron 387 operaciones, de las cuales, el 60% fueron nuevas.

Según Laura Sanz, subdirectora de Transactional Track Record (TTR), los fondos de capital riesgo “tienen dinero y lo están moviendo después de dos años en los que lo han tenido parado”. Los sectores en los que más invirtieron los fondos de capital riesgo en el primer semestre fueron los de informática, con el 27% de las operaciones; en la fabricación de productos y servicios industriales, con un 11%, y en biotecnología, con un 10%. Pese a las buenas cifras obtenidas en el segundo trimestre y el optimismo de los expertos, los autónomos insisten en la importancia de recuperar las vías tradicionales de financiación. Según Lorenzo Amor, estas otras formas de obtener préstamos no pueden erigirse como “una alternativa sólida”, por lo que se necesita recuperar el crédito.

Fuente: Cinco Días. Javier G. Jorrín