Las empresas de obra pública prevén una oleada de concursos por los impagos

Los impagos de las administraciones central, local y autonómica y el brusco descenso de la inversión pública a todos los niveles ha llevado al sector de la construcción de obra pública a una situación de asfixia sin precedentes. Ya han empezado los grandes concursos de las empresas de este tipo que están trasladando sus graves problemas de liquidez a miles de proveedores, tal y como confirman las empresas en insolvencia como BM3 y las asociaciones que reúnen a los proveedores de la construcción como Avemcop.

Juan José Sacristán, consejero delegado de BM3, asegura que después de su concurso de acreedores «van a caer más empresas», ya que la situación que vive el sector de la obra pública es «insostenible». Desde la firma valenciana recuerdan que los problemas de la obra pública son tres: falta de crédito, impagos de la administración y casi nula inversión. «Estas son las causas de nuestro concurso y serán las causas de todas las empresas que van a caer a partir de ahora». Atendiendo no sólo a las constructoras de obra pública sino a todos los proveedores que arrastra cada una de estas empresas, que en total serán miles, la sangría que va a sufrir esta actividad económica es dramática.

El agujero de BM3 es de 100 millones de euros (contando su deuda propia de unos 60 millones de euros más 40 millones en obra que está empresa hace en UTE). Afecta a unos 500 proveedores, ubicados tanto en la Comunitat Valenciana como en otras autonomías como Madrid, Canarias o País Vasco. Hoy por hoy, no se quieren comprometer a una quita máxima aunque el descuento será muy considerable. Según explican fuentes del sector, el problema actual es que es imposible prever de dónde pueden llegar los impagos. «Desde Llanera hasta BM3, llevo cinco años sufriendo impagos por empresas que caen en concurso», lamenta una de las tantas pymes que sufren los procesos concursales que se reproducen desde 2007.

Además, en la misma Comunitat Valenciana las empresas que hace dos años, ya en plena crisis, se consideraban seguras han acabado cayendo. Son los casos de constructoras de renombre como Franjuán o Construcciones Guijarro (con 55 millones de deuda cada una).

El problema de estos concursos, a diferencia de los que protagonizaron las promotoras entre 2007 y 2009 tras la caída de la venta de pisos, es la diferente estructura de deuda. Antonia Magdaleno, abogada valenciana especializada en concursos (llevó el caso Fadesa), explica: «Obviamente, la situación entre los concursos de las promotoras y las de las constructoras de obra pública son completamente distinta porque sus estructuras de deuda son muy distintas». De este modo, según Magdaleno, «la solución del convenio será mucho más compleja» ya que al existir más acreedores lograr un acuerdo para que todos cobren se convierte en mucho más complejo. Este alargamiento de plazo hará que las pymes que servían a las constructoras tendrán más dudas de cara cobrar, lo que supone un ahogo añadido a su ya de por sí deteriorada situación.

Se inicia otra crisis

Carlos Andújar, presidente de la asociación de empresarios de maquinaria, construcción y obras públicas (Avemcop), asegura que el último concurso conocido, el de BM3, ha afectado a varios de nuestros asociados, que además ya les había salpicado el de Franjuan. «La situación es la siguiente. Una empresa grande se queda con una obra y cuando cae todos los subcontratistas no cobran pero siguen teniendo que pagar a sus empleados y sus deudas. De este modo, les arrastra y caen. El drama es muy gordo y eso que sólo estamos en el inicio porque no hemos tocado fondo».

Desde la perspectiva de pyme, Andújar añade: «El problema que tenemos las empresas pequeñas es la morosidad, cuya ley no se aplica. Hay impagos entre las empresas y de la Administración a las empresas. Toda la morosidad hace que las empresas caigan y se produzca una cadena de menos trabajo y menos puestos de trabajo sobre lo que no hay nada que hacer».

Según explican desde una pequeña empresa constructora de la Comunitat Valenciana, los concursos de acreedores de las grandes firmas están ya creando un efecto dominó. «Teniamos una UTE con una empresa grande y, como sabemos que va a entrar en concurso, ya han despedido a la persona de nuestra empresa que iba a hacerla. Han dicho que no tenía sentido que siguiera en la empresa porque ni iba a trabajar ni iba a cobrar. ¿Cuántos afectados habrá por todo esto? Es incalculable», asegura un empleado del sector.

Fuente: Lasprovincias.es