Las cajas no pueden vender sus créditos morosos por los bajos precios que piden los compradores

La frenética carrera en que se han embarcado las cajas de ahorros para esquivar la amenaza de nacionalización en diciembre ha hecho que pongan el cartel de venta en todos los activos susceptibles de proporcionar unas décimas del anhelado core capital. El problema es que, como en la captación de capital privado, hay mucha oferta y muy poca demanda, lo que hunde los precios. Es lo que está ocurriendo con los activos inmobiliarios, las redes de oficinas, las filiales de distintos negocios… y las carteras de créditos morosos.

Esta práctica fue muy habitual en 2008 y 2009 para tratar de rebajar unas tasas de morosidad disparadas, que entonces estaban en el ojo del huracán e hicieron que las entidades reconvirtieran a los comerciales que se dedicaban a dar crédito a menos llenas en cobradores que perseguían a esos mismos clientes para que pagaran. La idea era vender una cartera de crédito moroso a un fondo o empresa especializado con un descuento de cierta importancia; de esta forma, el comprador sabe cuál es su pérdida máxima (el descuento) y todo lo que recupere por encima es beneficio.

La entidad pierde, pero normalmente ya lo tiene provisionado y, además, le permite liberar recursos, rebaja la mora, evita el riesgo de unas pérdidas aún mayores de las esperadas, sanea el balance, reduce su activo (el necesario desapalancamiento) y por esa vía eleva su capital -lo único que importa tras el decreto del Gobierno-. El capital es un cociente entre los fondos propios y el activo (ponderado por riesgo); si se reduce el denominador, la ratio sube aunque no se incrementen los fondos propios.

Ahora se trata de hacer lo mismo, pero hay un serio problema: la oferta de este tipo de carteras por parte de las cajas es tal, que los descuentos que exigen los interesados superan el 65% respecto al valor de los créditos. Y eso hace inviables las operaciones, porque las entidades no pueden asumir una pérdida de esa magnitud. “La pérdida esperada en estas carteras está entre el 30% y el 35%, que es lo que tiene provisionada la entidad; por debajo tiene que asumir una pérdidas que no se puede permitir en estos momentos”, explican en una entidad mediana.

“La cuestión es que hay demasiada distancia entre lo que tienen provisionado y lo que les ofrecen. Les merecería la pena con menos distancia, tendrían que asumir una pérdida pero pequeña; pero con esta diferencia es imposible”, añade un analista especializado.

Las fuentes consultadas aseguran que el descuento histórico en estas operaciones se sitúa entre el 30% y el 40%, lo cual indica que el 65% es una situación totalmente estresada, propia de los test realizados por el Banco de España el verano pasado.

Agresividad americana y desconfianza en los gestores

Y los factores detrás de estos bajos precios no se limitan al exceso de oferta. Otra fuente del sector señala que “se trata de fondos americanos que están acostumbrados a hacer un mark to market muy agresivo, por lo que la pérdida esperada es brutal, y no entienden cómo las cajas se resisten a reconocerlo”.

Otro elemento no menos importante es la falta de confianza en las entidades por la continuidad de los gestores que las llevaron al desastre: “Los mismos que han generado esta mora y estas pérdidas no están cualificados para venderlas; y si lo hacen, es normal que los compradores recelen y pidan precios muy bajos”, opina el citado experto.

Por tanto, de momento, esta vía de captación de recursos parece cerrada. Y como la venta de otros activos, salvo los cotizados, sufre los mismos problemas -”todo el mundo tienen que venderlo todo al mismo tiempo, y en un momento económico muy malo”, señalan en una consultora-, muchas cajas van a tener muy difícil evitar la nacionalización. Salvo que la bolsa sea capaz de asumir todas las OPV que se anuncian, o que se encuentren fórmulas para que el capital privado entre masivamente, como los esquemas de protección de activos (garantías contra pérdidas), defendidos por Francisco González yJosep Oliu, y rechazados por Emilio Botín.

Fuente: elConfidencial.com